Hay aniversarios que sirven para mirar atrás y otros que permiten comprender por qué merece la pena seguir caminando hacia delante. Cincuenta años pertenecen a esa segunda categoría.
La Casa Familiar de Cruz Blanca en Huesca celebró su 50 aniversario con una gala en el Palacio de Congresos de Huesca concebida no solo para recordar lo sucedido durante estas cinco décadas, sino para reconocer a las personas que han construido esta historia y reflexionar sobre todo lo que todavía queda por hacer.
Eventiona tuvo la oportunidad de colaborar en la organización y desarrollo de la gala, con Sergio Bernués como maestro de ceremonias, en un acto en el que la palabra, las imágenes, los testimonios, el humor, la emoción y la música se fueron combinando alrededor de un gran protagonista escénico: el puzle gigante creado por Julio Luzán. Porque había muchas maneras de contar cincuenta años de historia pero elegimos hacerlo pieza a pieza.
Un gran puzle para contar cincuenta años
La idea que articuló toda la gala partía de una metáfora sencilla. Una organización como Cruz Blanca no se construye de una vez. Tampoco puede explicarse únicamente a través de fechas, cifras o acontecimientos. Se construye con personas, decisiones, dificultades, encuentros, proyectos y pequeños gestos que, vistos de manera aislada, quizá no permitan entender el conjunto.
Como sucede con un puzle. Por eso, el artista Julio Luzán creó un gran puzle de siete piezas que fue completándose físicamente sobre el escenario a medida que avanzaba la gala.
No se trataba de un elemento decorativo. El puzle era el propio guion. La estructura del acto se dividió en una introducción y siete grandes bloques narrativos, de aproximadamente diez minutos, correspondientes a cada una de las piezas. Cada nuevo capítulo incorporaba una parte de la historia hasta conseguir que, al final de la noche, aquello que al principio eran fragmentos separados terminase mostrando una imagen completa.
De ahí surgió también el concepto que acompañó la celebración: “50 años de Casa y Familia, pieza a pieza”.
Primera parada: volver a 1975
Antes de colocar la primera pieza había que viajar hasta el origen.
La introducción de la gala permitió rebobinar medio siglo y regresar a 1975, jugando con algunos de los acontecimientos, objetos, canciones y cambios sociales que marcaron aquel año. Incluso el Betamax, presentado por Sony en 1975, sirvió como recurso narrativo para comenzar simbólicamente a rebobinar.
Una apertura con un componente de humor y nostalgia que permitió establecer un contraste entre dos épocas separadas por cincuenta años.
Siete piezas, una misma historia
A partir de la introducción, cada una de las siete piezas del puzle abría un capítulo diferente de la gala.
Por el escenario fueron apareciendo los orígenes de Cruz Blanca, las personas que pusieron en marcha el proyecto, los momentos de dificultad y crecimiento, la transformación de las necesidades sociales, los nuevos proyectos y realidades, la colaboración con otras entidades y empresas y, finalmente, la mirada hacia el futuro.
Cada pieza permitía introducir protagonistas, conversaciones, testimonios, imágenes y recuerdos. Así, el público no asistía a una sucesión de discursos institucionales, sino a una historia que iba avanzando delante de sus ojos. Y mientras avanzaba la historia, el puzle iba creciendo sobre el escenario.
La música como parte del relato
La música tuvo también un papel fundamental en la construcción de la gala. El arte de Tritón Jiménez acompañó musicalmente el recorrido con cinco intervenciones distribuidas a lo largo del acto.
No se plantearon como actuaciones independientes insertadas entre discursos, sino como parte de la narración. La música permitía cambiar el ritmo, cerrar determinados capítulos, generar espacios de emoción y preparar al público para la siguiente pieza. La quinta y última canción quedó reservada para el final.
Porque una de las decisiones importantes en la construcción de la escaleta fue precisamente esa: una vez completado el puzle, no hacía falta explicar mucho más. La imagen terminada, las personas reunidas alrededor de ella y la música debían asumir el protagonismo.
El maestro de ceremonias como hilo conductor
Sergio Bernués, director de Eventiona, ejerció como maestro de ceremonias y conductor de todo el relato. Su función no consistió únicamente en presentar a las personas que iban subiendo al escenario. El objetivo era conectar los diferentes capítulos, conversar con sus protagonistas, introducir el contexto necesario y mantener un mismo hilo narrativo durante toda la gala.
Es una manera de entender la conducción de eventos que aplicamos habitualmente desde Eventiona: el maestro de ceremonias no debe ser el protagonista; debe ayudar a que los verdaderos protagonistas puedan contar su historia.
Y en una celebración como esta había muchos. Los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, trabajadores, voluntarios, usuarios, familias, administraciones, entidades sociales, empresas colaboradoras y tantas personas que durante cinco décadas han ido aportando su propia pieza.
La séptima pieza
Y llegó el momento de colocar la última. Después de recorrer cinco décadas, el gran puzle quedó finalmente completado sobre el escenario. Era el final de la gala, pero también encerraba una pequeña paradoja. Porque aquel puzle estaba terminado y, al mismo tiempo, la historia que representaba no lo estaba.
Cruz Blanca continúa trabajando. Aparecerán nuevas necesidades, nuevas personas, nuevos proyectos y probablemente problemas sociales que hoy ni siquiera somos capaces de anticipar.
Por eso, celebrar cincuenta años no significa únicamente preguntarse de dónde venimos. Significa preguntarse qué piezas tendremos que colocar a partir de ahora.
Con el puzle completo llegó la última intervención musical de Tritón Jiménez y todo el auditorio bailando y cantando al ritmo de la canción No dudaría.
Eventos que dejan algo cuando terminan
En Eventiona entendemos los eventos como herramientas de comunicación, pero también como espacios capaces de generar vínculos y construir memoria colectiva.
Por eso, el verdadero resultado de un evento no debería medirse únicamente por lo que sucede mientras está ocurriendo, sino por lo que permanece cuando ha terminado.
En esta ocasión queda la imagen de un enorme puzle construido entre muchas personas. Una metáfora bastante fiel de lo que han sido estos cincuenta años. Porque la historia de Cruz Blanca en Huesca nunca ha pertenecido a una sola persona.
Ha sido construida por muchas manos, durante mucho tiempo, colocando pequeñas piezas que quizá individualmente parecían insignificantes, pero que juntas han terminado formando algo mucho más grande. 50 años de Casa y Familia, pieza a pieza. Y lo verdaderamente importante es que todavía quedan muchas piezas por colocar.
