NUEVAS DINÁMICAS PARA TRABAJAR EN EQUIPO

Eventiona Escape Game

En Eventiona estamos preparando nuevas dinámicas de formación experiencial. Nuevos retos, historias, pruebas y situaciones diseñadas para conseguir algo que siempre ha estado en el centro de nuestra manera de entender el aprendizaje: que las personas aprendan haciendo, compartiendo y disfrutando.

Porque desarrollar habilidades blandas no consiste únicamente en explicar qué es el liderazgo, la comunicación, la creatividad o el trabajo en equipo. Para aprender de verdad hay que poner esas competencias en juego. Una dinámica no empieza pensando en una prueba divertida. Empieza con una pregunta simple:

¿Qué queremos que ocurra entre las personas que participan?

Podemos querer trabajar la comunicación, la escucha, el liderazgo, la toma de decisiones, la empatía, la negociación, la creatividad, la gestión del tiempo, la confianza o la capacidad de enfrentarse a la incertidumbre. Ese objetivo condiciona todo lo que viene después.

Diseñamos situaciones en las que esa competencia resulte necesaria. No se trata de decirle a alguien que tiene que colaborar, sino de crear un escenario en el que sin colaboración resulte muy difícil avanzar. No explicamos primero el comportamiento que buscamos. Construimos una experiencia para que aparezca.

De una idea a una experiencia

A partir de ahí comienza una de las fases que más nos apasiona: transformar conceptos en historias. Elementos aparentemente sencillos empiezan a combinarse hasta convertirse en una experiencia. Es aquí donde entra en juego la gamificación.

Gamificar no significa simplemente repartir puntos, colocar un ranking o entregar premios. Significa utilizar algunos de los mecanismos que hacen atractivos los juegos para favorecer determinados comportamientos y, sobre todo, la necesidad de tomar decisiones.

Diseñamos decisiones, no solamente pruebas

Una buena dinámica no debería limitarse a comprobar quién resuelve antes un acertijo. Debe provocar situaciones interesantes.

  • ¿Qué sucede cuando alguien tiene información que los demás desconocen?
  • ¿Qué ocurre cuando tenemos poco tiempo para decidir?
  • ¿Quién toma el liderazgo?
  • ¿Escuchamos todas las opiniones?
  • ¿Preguntamos antes de actuar?
  • ¿Compartimos la información?
  • ¿Somos capaces de cambiar de estrategia cuando descubrimos que estábamos equivocados?
  • ¿Competimos cuando deberíamos colaborar?

Ahí empieza realmente el aprendizaje.

Porque cuando una persona está dentro de una experiencia deja de responder lo que cree que debería responder y empieza, muchas veces, a comportarse es en realidad. Y eso convierte la dinámica en un extraordinario laboratorio de comportamiento humano.

Prototipar, probar, romper y volver a empezar

Después llega una parte fundamental del proceso: probar. Las dinámicas se construyen, se juegan, se observan y se modifican. Una prueba que sobre el papel parece sencilla puede resultar imposible. Una instrucción aparentemente clara puede generar interpretaciones diferentes. Un reto que debería durar diez minutos puede resolverse en dos. Y una mecánica que parecía secundaria puede convertirse inesperadamente en el momento más interesante de toda la actividad.

Porque si una dinámica es demasiado sencilla, desaparece el interés. Si resulta excesivamente compleja, aparece la frustración. Y si solamente es divertida, pero no genera reflexión, probablemente hayamos creado un buen juego, pero no necesariamente una buena herramienta formativa.

El juego es solamente una parte

Hay algo todavía más importante. Cuando termina la dinámica empieza una de las fases esenciales de nuestro trabajo: la conversación.

  • ¿Qué ha ocurrido?
  • ¿Por qué habéis tomado esa decisión?
  • ¿Quién ha liderado?
  • ¿Quién tenía una buena idea y no consiguió explicarla?
  • ¿Habéis escuchado a todo el mundo?
  • ¿Qué información no compartisteis?
  • ¿En qué momento cambió la dinámica del grupo?
  • ¿Qué haríais diferente si pudierais empezar otra vez?

Ese momento de reflexión permite convertir una experiencia aparentemente lúdica en aprendizaje. Es lo que posibilita dar el salto desde el juego hasta la realidad profesional.

Porque detrás de una caja que no conseguimos abrir puede esconderse un problema de comunicación. Tras una prueba que nadie consigue resolver puede aparecer nuestra resistencia a pedir ayuda y después de una decisión precipitada podemos descubrir cómo gestionamos habitualmente la presión. Con un reto colectivo podemos observar si realmente somos un equipo o simplemente un grupo de personas trabajando juntas.

Entrenar antes de necesitarlo

Las habilidades blandas tienen una particularidad: las necesitamos precisamente en aquellos momentos en los que resulta más difícil utilizarlas.

  • Necesitamos comunicarnos bien cuando existe un conflicto.
  • Pensar creativamente cuando las soluciones habituales han dejado de funcionar.
  • Mantener la calma cuando aumenta la presión.
  • Escuchar cuando creemos tener razón.
  • Liderar cuando existe incertidumbre.
  • Colaborar cuando los recursos son limitados.

Por eso creemos que deben entrenarse. De la misma manera que nadie aprendería a nadar asistiendo únicamente a una conferencia sobre natación, determinadas competencias necesitan experiencias donde puedan ponerse en práctica. Espacios seguros en los que experimentar, comete